66. Secreto de sumario (I)

Aquel día la redacción hervía entre idas y venidas, teléfonos echando humo y voces de unos tratando de organizar a otros. Por el contrario, en mi caso, ser redactor de deportes supone una gran ventaja: durante el verano, el estrés brilla por su ausencia. Revisaba distraído alguno de los diarios digitales de la competencia, solo para controlar la actualidad, me decía, si bien reconocía que algunos de mis mejores colegas ahora se contaban lejos de aquel edificio acristalado que, una vez, había albergado al medio de comunicación más importante del país. Ahora apenas vivíamos del prestigio pasado. Miré el reloj: las siete menos cuarto. Aún debía aguantar algo más de una hora fingiendo que me concentraba en algo de provecho.

Remigio Suárez, el viejo periodista de sucesos, un tipo arrogante y fanfarrón, con unas formas artificialmente melifluas, se acercó a mi pequeño escritorio. Me miró, con ese aire de superioridad que, según sus bravuconadas, le daba ser, quizás, el reportero más prestigioso del país de los últimos treinta años. Como siempre, volvió a infectarme con su mezcla rancia de tabaco y a pachuli.

—¡Andresito, Andresito! ¡Qué bien vivís los de la pelotita! ¿eh? A ver cuándo decides hacerte mayor y dedicarte a política, tribunales o algo de lo que de verdad importe.

—¡Venga ya, Remi, siempre con la misma historia! Que aquí todos hemos terminado la carrera… —espeté, malhumorado. Ese tipo era experto en sacarme de mis casillas.

—Bueno, bueno, veo que hoy tienes la piel sensible. Oye… venía a proponerte algo. Tengo un amigo en el periodicucho de Mornende. Me dice que tiene un soplo de los gordos, pero que ellos no pueden meterle mano. Línea editorial, ya sabes. ¿Te interesa?

—Joder… ¿un soplo de qué? ¿se lo has dicho al jefe? —inquirí, con cautela.

—No me lo ha dicho. Solo me ha asegurado que podría poner nervioso a más de uno y que el tema requiere echarle un par —le encantaba hacerse el interesante; jugueteaba con un bolígrafo entre los dedos, mientras me miraba fijamente.

—¿Y por qué no Ramírez o del Moral? Él lleva aquí más de veinte años y ella es la persona con más futuro de todos nosotros, una verdadera joya —reconocí, mientras chequeaba el correo electrónico—. Además, yo solo soy el último de los de la pelotita, como disfrutas recordándome.

—Mira, no tengo tiempo para estupideces —por una vez, parecía hablar realmente en serio y eso me desconcertó—. Mi colega me ha dado una dirección en la que tendrías que entrevistarte con él, para que te explicara bien dónde te metes. Mañana por la mañana necesita una respuesta, piénsalo.

Y sin decir más, se volvió a su mesa silbando alguna clase de melodía insulsa.

Recogí mis cosas, cerré sesión y me dispuse a marcharme a casa. Había llegado en autobús, pero ahora llovía copiosamente, así que pedí un taxi. A aquellas horas, el tráfico de personas volviendo a casa de sus respectivos trabajos, era intenso. Pagué la carrera con tarjeta de crédito y me despedí del conductor, que se alejó en cuanto verificó el cobro. Entré en casa, me cambié de ropa y busqué en la nevera una cerveza fría; quería disfrutar de alguna película en Netflix. Me senté en el sillón y me descalcé. Estaba a punto de silenciar el teléfono móvil cuando recibí un mensaje de WhatsApp de un número desconocido:

Señor Yagüe, usted no me conoce, pero considéreme una amiga. No acepte el encargo de Suárez, se lo digo por su bien. Si se mete en esa guerra, puede salir muy malparado. Encontrará un sobre en su habitación; no se alarme, le prometo que no he tocado nada. Disfrute de la cerveza. No trate de responder a este mensaje, ni de encontrarme. Yo me comunicaré cuando sea preciso. Buenas noches.

La orden fantasma

Poco a poco vamos dando fin al mes de julio y, antes de la última campanada, no podía faltar mi participación en el reto literario “Syn-Opsis”, de Jessica Galera. ¡Vamos allá!

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(Imagen de DarkSouls [Pixabay]. Accesible en el blog de Jessica Galera)

Título: La orden fantasma

Sinopsis: Aviñón, 1312. El papa Clemente V promulga la bula Vox in excelso que provoca la desaparición oficial de la Orden del Temple. Algunos caballeros afines a Jacques de Molay, el último Gran Maestre, continúan su actividad en secreto, buscando extender el catolicismo por el mundo conocido y manteniendo su principal objetivo oculto a los ojos de la Historia: todos ellos deben proteger el gran secreto con su propia vida.

Salamanca, 2019. Magdalena de Lucas, Doctora en Historia por la Universidad, solicita una audiencia con el Obispo para pedirle acceso a una documentación sobre el papel de la Santa Inquisición en la ciudad y la vinculación de la Iglesia con la institución universitaria. Ante las evasivas del prelado, Magdalena contacta con el padre Markus Frommenmann, un joven ex-sacerdote jesuita experto en cristología y en el estudio de las primeras comunidades cristianas. Juntos, descubrirán a los Soldados de la Revelación, una sociedad secreta cuya existencia guarda una oscura y peligrosa misión.