C.7-Ep.2. El encargo

Nota del autor: Del diario de ADRIANA IBÁÑEZ.

Madrid, 3 de mayo de 2018. 10:00 h. Despacho Uría Menéndez.

Había recibido un correo electrónico del Solucionador esa misma madrugada encomendándome mi primer trabajo para su conglomerado delictivo. La Emperatriz quería poner en marcha una estructura de explotación de recursos naturales, principalmente derivados del petróleo, en su Colombia natal y, para ello, me solicitaban un estudio de la estructura jurídica más viable. Aunque no me habían dado más información al respecto, no me cupo duda de que se trataba de una nueva estrategia para blanquear dinero procedente de actividades alejadas de la legalidad. Exploré, guiándome por el interés de mis clientes, la posibilidad de crear un entorno societario offshore, dotado de conexiones bancarias y de pasarelas de cobro y pago también opacas: esta primera opción contaba con innumerables ventajas en cuanto a la celeridad de creación, aunque podía presentar problemas de operatividad; era preciso reforzar la conjunción con entidades pantalla.

El primer paso consistía, evidentemente, en determinar el territorio donde radicar el entramado. Para escoger la mejor jurisdicción, resultaba necesario valorar la normativa supranacional e internacional, así como los eventuales acuerdos y tratados de doble imposición y, por otro lado, de doble incriminación. La puesta en marcha era relativamente sencilla. En unos pocos minutos, estaría listo. Más complicado era, para mí, tener que llevarlo a cabo y poner a prueba mis propios principios. Es cierto que tenía el beneplácito de la Fiscalía y que la Policía estaba al corriente de todas mis actuaciones; me consolaba recordándome que todo buen abogado, además, se debe a su cliente, y que la Emperatriz, el Solucionador y compañía lo eran… pero, en aquellas primeras tareas, los remordimientos se afanaban en atormentarme.

En esos momentos, en la soledad de mi despacho, eran muchas las imágenes que se agolpaban en mi cabeza: cómo quise hacerme abogada para intentar cambiar el mundo, todo lo que tuve que luchar para llegar donde estaba, sin la posibilidad de que mis padres me apoyaran económicamente y cada una de las renuncias y sacrificios que había tolerado en tantos años de trabajo silenciado por las circunstancias… y, de la noche a la mañana, como si todo esto hubiera perdido valor, había accedido a colaborar con una de las organizaciones más peligrosas que había conocido. Por más que trataba de buscar el lado positivo, la negrura se extendía en mi conciencia. ¿Realmente mi amistad con Darío, deteriorada por el paso de tantos años, merecía desistir tanto de cuanto yo era y creía?

Hablando del guaperas… debía contactar y hablar con él. La última vez que nos habíamos visto apenas pude detallarle mi plan, pues ambos temíamos estar siendo escuchados y no pude confesarle mis intenciones. Decidí que aquel era un buen momento. Busqué su número en mi agenda y lo llamé a través del terminal seguro que la Policía había puesto a mi disposición.

—¿Dígame? —sonó, cauta, la voz de Darío al otro lado.

—D.J., soy Adriana, esta línea es segura, ¿puedes hablar? —respondí.

—¡Adri, claro, dime!

Le puse al corriente de las novedades, incluyendo las condiciones que había aceptado a cambio de aquella ingente suma de dinero que obraba en mi poder, pero que estaba bajo control real del fiscal. Su reacción, como supuse, pasó del estupor a la desazón. Me aseguró que él no podía ceder a las presiones de Miguel Ángel y me animó a que yo tampoco lo hiciera, pero, para mí, ya era tarde. Al comprender mi determinación, resolvió.

—De acuerdo, Adri. Estamos juntos en esto. Si tú estás dispuesta a llegar tan lejos, no me voy a quedar atrás. Déjame para que valore la mejor manera para arreglar toda esta mierda… —sostuvo, decidido—. Hay muchas cosas que debo poner en orden antes de actuar y ya me he escondido bastante. Gracias, Adri, de verdad. ¿En qué momento me convertí en el hombre timorato que ahora parece que soy?

Aunque no lo tenía delante, supe que algo en mi amigo había vuelto. La energía que me asombró tras su porte tímido; la capacidad de echarse el mundo a la espalda y no derrumbarse. Ellos tenían los recursos, las armas, la violencia. Darío y yo nos teníamos el uno al otro.

(Continuará…)

Texto y argumento revisados por Sara García.

Publicado por

Javier Sánchez Bernal

Licenciado en Derecho, Máster Universitario en Corrupción y Estado de Derecho y Doctor por la Universidad de Salamanca. Líneas de investigación: Derecho penal económico, Derecho y deporte, corrupción pública y privada. Proyecto de escritor.

2 comentarios en “C.7-Ep.2. El encargo”

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