85. Último suspiro

—¡Vamos, vamos! ¡Presión alta! No dejéis que basculen, ¡buscad la superioridad en el centro del campo!

Miro el reloj del encuentro y mi frustración se intensifica tan rápido como se agota el tiempo: minuto 84 y seguimos perdiendo por un gol a cero. Vista nuestra suerte necesitamos un milagro, pero no encuentro la forma de aportar una motivación extra a los chicos. He realizado ya los cambios reglamentarios y, aunque todos están dejándose la piel en el campo, nada en nuestro plan está funcionando como esperábamos. Llamo al capitán a la zona técnica y le marco una nueva modificación táctica: esta será nuestra última bala para forzar la prórroga del partido.

Este crítico instante me devuelve, irremediablemente, a aquel fatídico 27 de junio de 1984. Aquella final, aquel gol en contra anotado por Bellone en el último instante, justo después de la fantástica ocasión fallada y que nos hubiese concedido el empate… un subcampeonato difícil de digerir a pesar de enfrentarnos al que, sin duda, era el rival a batir en el torneo.

El ‘siete’ asiente y regresa para transmitir mis instrucciones a sus compañeros. Este es un partido especial: disputamos el encuentro de vuelta de un play-off inédito para este joven club y competimos, tras tantos meses pandémicos, de nuevo en un estadio abarrotado de público. No conseguir el ascenso no sería, desde luego, un fracaso, pues llegar hasta aquí significa cumplir las mejores expectativas de todos, pero avanzar en esta fantástica temporada supondría hacer realidad el sueño más grande de muchas personas y un bálsamo para una ciudad especialmente castigada en los últimos tiempos.

Minuto 90, solo ciento veinte segundos más de descuento; quizá dispongamos de una última ocasión. Nuestro guardameta se dispone a sacar de portería. Conecta un balón largo que traspasa, veloz, el centro del campo. Nuestro extremo realiza un control majestuoso, imponiéndose a dos centrocampistas del equipo rival. El lateral izquierdo dobla a su compañero y recibe el esférico libre de marca: el corazón de todo mi banquillo se encoge al unísono, mientras Márquez levanta la mirada, ata el balón a sus botas, regatea al lateral del conjunto contrincante y pone un centro delicioso. Se eleva nuestro delantero, buscando el cielo, por encima de todos y dibuja un remate de cabeza certero.

La efímera esperanza se torna en congoja cuando la pelota se estrella en el travesaño y es repelida por alguna cabeza de los zagueros del otro equipo. Se acabó. Observo que el árbitro se lleva el silbato a los labios, seguramente para decretar el final. Pero no escucho tres pitidos, ¿qué es lo que habrá señalado?

Publicado por

Javier Sánchez Bernal

Licenciado en Derecho, Máster Universitario en Corrupción y Estado de Derecho y Doctor por la Universidad de Salamanca. Líneas de investigación: Derecho penal económico, Derecho y deporte, corrupción pública y privada. Proyecto de escritor.

5 comentarios en «85. Último suspiro»

  1. Brillante relato!! Seguramente; habra sido el zaguero que uso «la mano de Dios» y el arbitro, con loa tres pitillos del silbato, marcando el penal en tiempo de descuento,,,,Un cordial saludo,

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