91. Conjurados contra el olvido

31 de diciembre de 2021.

11.15 de la mañana, según hora local.

Temperatura: 10º C. – Humedad relativa: 74%.

Llegué a la Tierra en la tarde de ayer y, a pesar de mi entrenamiento, no consigo adaptarme a la temperatura y al alto nivel de contaminación de la ciudad de Madrid. Es tan distinto a mi hogar, Metadistópolis…

Aunque inicialmente la reunión se iba a celebrar en Salamanca, un núcleo de población mucho menor, nuestro anfitrión, decidió alterar el plan a última hora: debíamos reducir el riesgo de encontrarnos con él antes de haber adoptado una decisión.

Fuimos convocados en un local céntrico y nos dispusieron en una mesa circular, para que todos pudiéramos vernos y escucharnos de un modo más cómodo. Tristán tomó la palabra, y, tras identificarse, pasó a presentar a los asistentes. Junto a mí, se encontraban Adriana Ibáñez y Marta Olivares de El Solucionador, Andrés Yagüe de Secreto de Sumario y un individuo desgarbado y ceñudo que se hacía llamar Dr. Herzlosmann de Diario de un orate. Me llamó la atención que Adriana y Marta apenas se miraban y, a pesar de la insistencia de nuestro invitador, decidieron ocupar sillas distanciadas.

—Una vez presentados, quisiera expresar mi profunda alegría porque estéis aquí, en especial quienes habéis realizado tan largo viaje –se congratuló Tristán, dirigiéndome un leve asentimiento de cabeza–. Recordad que debemos mantener la mascarilla en todo momento, salvo para comer y beber, y respetar las distancias, ¿de acuerdo?

Todos asentimos casi al unísono.

—¡Estupendo! Entonces, comencemos: como todos sabéis, sois los personajes principales de las historias que Javier publica en mi Buhardilla…

—Perdona, Tristán. Aprovecho para disculparme en nombre de mi pareja, Darío Luque, que no ha podido acudir —interrumpió la señorita Ibáñez—. Tenía un juicio importante, pero me ha pedido que os diga que le habría encantado acompañarnos.

No me pasó inadvertido el rictus de la señorita Olivares en ese instante: suspicacia aderezada con un toque de enojo, para salpimentar.

—Por supuesto, Adriana. Dale un fuerte abrazo de parte de todos. Bien, el motivo de esta reunión es canalizar vuestro malestar por la escasa atención que Javier os ha dispensado en los últimos tiempos. ¿Quién quiere comenzar?

—¡Nosotras! —saltó la señorita Olivares, como un resorte—. Es inconcebible que, siendo la trama que más lecturas y seguidores le ha aportado, no haya contactado con nosotros desde julio de 2019. ¡Algunos de nuestros compañeros pusieron en peligro sus vidas para regalarle visitas!

—Eh… Hola a todos. En nuestro caso, o quizás debería decir en el mío… En fin, lo cierto es que todavía no le conozco mucho y debo reconocer que no me ha tratado mal, aunque estuve más de nueve meses sin tener noticias suyas —reconoció, tímido, el señor Yagüe–. Y eso que nuestro relato está al rojo vivo…

—¿Y qué opina nuestro recién llegado desde otro universo? —me apremió, con un cierto matiz de urgencia.

Conecté mi smartphone para repasar los datos que había recopilado antes de intervenir, emitiendo un breve carraspeo:

—Nuestra última comunicación bidireccional se produjo en abril de 2020. Es cierto que después de aquello se interesó por nuestro sistema político y social en algunas ocasiones más. Me aseguró que nosotros seríamos algo más que una sección de un blog: estaba pensando en algo grande. Recopiló información, diseñó estrategias de escritura, pero, de repente… desapareció sin dejar rastro.

—Al menos vosotros tenéis sección propia —se burló, con cierto donaire, el señor Yagüe.

—Nosotras proponemos exigirle, al menos, dos entregas nuevas de cada una de nuestras narraciones durante el nuevo año —indicó la señorita Olivares y, en esta ocasión, sí parecía contar con la complicidad de la señorita Ibáñez—. Debemos conminarle a que acepte. Y si incumple… nos vamos. ¿Qué os parece?

—¿Alguna idea más? —inquirió Tristán. Ante el silencio reinante, prosiguió—. Si no es así, sometamos a vuestra consideración esta propuesta; recordad: un voto por relato. Yo no me pronunciaré, a no ser que haya un empate.

Mientras discutíamos los pormenores entre nosotros, un amable camarero nos sirvió más café, infusiones y zumos, junto a una nueva fuente de esa exquisita masa que llaman churros.

—De acuerdo: han votado a favor El Solucionador y Secreto de sumario. Se ha abstenido Metadistópolis. Por tanto, queda aprobada esta línea de actuación. A todo esto… Dr. Herzlosmann, ¿usted no piensa pronunciarse?

—Sus tribulaciones me resultan extenuantes. Para serles sincero, no tengo ningún interés en el ínclito escritor, nótese la ironía. Sus ínfulas se verán obliteradas cuando mi proyecto maestro y la verdad salgan a la luz…

Nunca he coincidido con un personaje más estrambótico que este.

—Esto… sí, bueno, lo que usted diga, doctor —sentenció Tristán, visiblemente abochornado—. Brindemos por el año que se va y porque el que llega nos traiga a todos y todas salud, paz, prosperidad y amor. ¡Y muchas letras!

—¡¡MUY FELIZ AÑO 2022, QUERIDOS LECTORES Y LECTORAS DE LA BUHARDILLA DE TRISTÁN!! ¡OS DESEAMOS TODO LO MEJOR!

Fin de la transcripción: 13:01 del mediodía, según hora local.

Publicado por

Javier Sánchez Bernal

Licenciado en Derecho, Máster Universitario en Corrupción y Estado de Derecho y Doctor por la Universidad de Salamanca. Líneas de investigación: Derecho penal económico, Derecho y deporte, corrupción pública y privada. Proyecto de escritor.

9 comentarios en «91. Conjurados contra el olvido»

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