La vida es cuento

Recensión e ideas de “El taxista asesino”


  • Autor: Miguel Ángel de Rus (Madrid, 1963).
  • Editorial: M.A.R. Editor.
  • Año: 2020.
  • Género / temática: narrativa costumbrista, sátira.
  • Número de páginas: 160.

Sinopsis libre:

En El taxista asesino, sugerente cabecera que da título al primero de los textos y a la obra completa, de Rus nos presenta 18 relatos cortos sobre diversas temáticas de actualidad: el amor y las relaciones, la banalización de la realidad, la crisis generalizada de valores o la pandemia por el COVID-19, conforman los temas basilares sobre los que se erige esta compilación narrativa.

Reseña:

No pretendo, desde estas líneas, analizar de un modo singular cada uno de los textos que componen el nuevo libro de Miguel Ángel de Rus, pues debo mantener el ingrediente sorpresa para el lector, pero no me resisto a aportar algunos comentarios sobre lo que ha supuesto mi experiencia al leerlo. Puedo decir que sumergirme en El taxista asesino me ha llevado por diversos estados de ánimo, marcados ellos por la imprevisibilidad más absoluta: nunca sabes qué te va a deparar la siguiente página o la próxima historia.

En el seno de una colección, aparentemente anárquica, de tópicos, el autor da cuenta de su particular visión de la realidad y de las que, según se dibuja en su escritura, considera dolencias de la sociedad actual. Vertebra la obra una crítica intensa, desde luego valiente (diría incluso, en el sentido más literario, temeraria) y extremadamente ácida de la modernidad.

De Rus utiliza un estilo narrativo cuidado, directo y afilado, en el que, además, demuestra dominar registros muy diversos: desde el relato costumbrista hasta las notas más satíricas u oscuras para trazar, como denominador común, un juicio contumaz en contra de la simpleza de las relaciones humanas.

¿Realidad o ficción? ¿Ensayo o fábula? Estoy convencido de leer El taxista asesino no te dejará indiferente.


Valoración: recomendable (3,5/5).

Día 30: “Un reto hipnótico”

¡Hoy termina el reto: “Una palabra por 30 días”! Desde el pasado 10 de mayo, he publicado un post diario con un microrrelato que contuviera la palabra correspondiente de la siguiente imagen. Por ser esta la última narración, he decidido que contendrá 500 palabras, la extensión máxima que me propuse al inicio.

Si todavía quieres participar y dejarme tus creaciones en los comentarios, o si no has podido seguir cada texto durante el mes, puedes leerlos y consultar las bases, aquí.


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Día 30 (final): 8 de junio de 2021

Palabras del día: Todas las del reto

Extensión: 500 palabras

—Un, dos, tres… ¡duerme! Andrés, ¿está conmigo? Comienza la película de su vida. Dígame qué ve.

—Soy yo, en mi infancia; debo tener unos siete años. Estoy en el aeropuerto, a punto de tomar un ascensor. En la planta superior me espera mi padre: voy a volar en avión con él por primera vez.

—¿Y cómo se siente?

—Bien, un poco nervioso, pero estoy muy emocionado.

—De acuerdo, de acuerdo. Avancemos un poco. Vamos al día en que cumplió doce años. Cuénteme qué sucede.

—Mis padres han preparado una gran fiesta e invitado a todos mis amigos. Soy muy feliz porque me han regalado, al fin, la bicicleta que tanto tiempo he deseado.

El paciente comienza a llorar desconsoladamente.

—Andrés, ¿qué ocurre?

—Mi madre. No está. El atardecer se vuelve gélido y la naturaleza del gran jardín trasero se agita. Escucho gritos por todas partes y mi padre corre hacia la piscina. Mi abuela me pide que suba con mi hermana a mi habitación y que no volvamos a bajar hasta que ella nos avise. Me asomo a la ventana y observo, en la distancia, su cuerpo inerte, como si fuese un muñeco de trapo. Mi hermana vocifera y convulsiona; nunca la he visto así.

—Trate de continuar…

—¡No, espere un momento! Me encuentro ahora en la casa de mis abuelos, frente a un impresionante retrato en madera de mi madre. Hay velas y muchas flores a mi alrededor…

No está funcionando. Debo encontrar la huella emocional de su trastorno ansioso-depresivo. Asumiendo el riesgo, he de ser más incisivo ahondando en sus recuerdos.

—Andrés, escuche mi voz. Ahora tiene usted veinticinco años. Descríbame el día de su boda.

—Mi esposa está radiante; el vestido blanco potencia el brillo de sus iris color té con limón. Mi sobrinita, de cinco años, anuncia, a voz en grito, que el sacerdote viste unas zapatillas Converse de color rojo. ¡Es épico! ¡Mi hermano no sabe dónde meterse! ¡Apenas se puede seguir con la Eucaristía por la algarabía que se ha montado!

Inmediatamente, su voz se trunca y comienza a temblar.

—Salimos de la ceremonia. Mi cuñada y la niña se montan en el coche y… y…

Andrés, mi paciente, se derrumba de nuevo. Por hoy, debo dejar de vagar de rama en rama y despertarlo o el trauma puede empeorar. El pez león (o Pterois antennata) del acuario que preside mi consulta se remueve incómodo tratando de hacerme comprender que se ha cansado de buscar la perla dentro del cofre que ornamenta el fondo. No sé; tal vez no sea muy ético reconocerlo, pero presiento que este caso tiene duende. Quisiera hacer mucho bien al pobre hombre que sufre tumbado en el diván.

—Muy bien, Andrés; lo ha afrontado estupendamente. Es suficiente por hoy. Voy a contar, regresivamente, del diez al uno y cuando chasquee mis dedos, despertará, ¿de acuerdo? Diez, nueve, ocho…

Abre los ojos, desorientado.

—Ha sido realmente intenso, pero hace progresos. La próxima semana continuaremos. ¿Le apetece a usted un dulce?

Día 29: “Una buena nueva”

¡Bienvenido/a al reto: “Una palabra por 30 días”! Desde el pasado 10 de mayo hasta mañana, 8 de junio, publicaré un post diario con un microrrelato que contenga la palabra correspondiente de la siguiente imagen. Además, el relato contendrá el número de palabras que resulte de generación aleatoria.

¡Me encantaría que participaras y dejases tu creación en los comentarios! Puedes consultar las bases, aquí.


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Día 29: 7 de junio de 2021

Palabra del día: NUNCA

Extensión: 200 palabras

—Brindemos por esta fantástica noticia! ¡Por los futuros papás! —dijo, jubiloso, su amigo, al que más consideraba un hermano.

—¡Salud! —repitieron todos.

Se había imaginado en algunas ocasiones la posibilidad de ser padre, pero nunca proyectó que ello le haría sentir tan feliz. Nervioso, como un niño que aguarda impaciente una sorpresa, acarició la mano de su esposa que le sonrió, cómplice.

—Y… ¿para cuándo os toca? ¿Sabéis ya si va a ser niño o niña? ¿Habéis pensado en nombres? —interrogaron al unísono.

—Aún es muy pronto —respondió él —en realidad, lo único que queremos es que llegue sano.

Y allí estaba, compartiendo su alegría con los amigos de toda la vida; esos que, a pesar de los años, las distancias y, por qué no, los encuentros y desencuentros, siempre estaban ahí, dispuestos con un “sí” cuando era necesario: habían puesto su granito de arena para que él llegase lejos.

¡Cuánto le había cambiado la vida en estos años! Recordaba los momentos difíciles en su niñez, cuando los médicos copaban prácticamente su día a día. Daba gracias porque, aun con todo, fue un buen estudiante y disfrutó de su juventud. Y ahora, en aquella etapa del camino, se sentía completo.