Primerizo y feliz (I): Estado de buena esperanza

30 de junio de 2022

Nunca un ‘no’ ha sido sinónimo de tanta felicidad. A pesar de que tu mamá y yo acostumbramos a acompañarnos a nuestras citas médicas, esa mañana yo había amanecido extremadamente cansado: el final del curso académico y el pesado dolor de rodilla que me acompaña desde hace meses, me hicieron claudicar. Así que ella me dedicó una sonrisa y marchó a realizarse la ecografía.

¡Cuánto puede cambiarte la vida en un segundo! Tu mamá llegó a casa y me contó que le habían confirmado el diagnóstico, pero, además, su rostro y su intensa mirada reflejaban algo más. Yo insistía, pero sus palabras no eran capaces de liberar el torbellino de sentimientos que había comenzado a vivir.

Me entregó un paquete pequeño, con la cruz verde de la farmacia:

—¡Noo! ¿En serio? —fue lo único que acerté a decir, llevado por la sorpresa. Una felicidad creciente, indescriptible, y por qué no reconocerlo, la responsabilidad y unas gotas de miedo inundaron mi espíritu.

—¡Sí! —respondió tu mamá—. ¿Qué vamos a hacer?

—¡Vamos adelante! ¡Somos uno o una más en el equipo!

Esa era la primera parada del maravilloso y desconocido viaje que emprendíamos. Una espera que nos llevará hasta ti.

5 de julio de 2022.

¡Hoy tu mamá y yo hemos tenido la primera consulta con la ginecóloga! Nos ha confirmado que estás ahí y hemos podido escuchar tu corazoncito por primera vez: “Tac, tac, tac, tac”. Un ritmo rápido que nos ha emocionado y ha acelerado nuestras pulsaciones con puro amor. Te prometemos que vamos a hacer lo posible por cuidarte siempre. ¡Te amamos!

Extra nº 2. Abriendo puertas al futuro

¿Cuál ha sido mi experiencia, a nivel profesional, sobre mi estancia en Chile y Perú?

A lo largo de las distintas páginas de este primer cuaderno de bitácora he ido desgranando una intensa colección de vivencias personales, maravillosas, que me han enriquecido y me han hecho muy feliz en los días que disfruté en Chile y Perú. Pero, además del plano personal, los meses en el continente americano me sirvieron como prueba de fuego a nivel profesional, tras completar una estancia exitosa en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Sin embargo, los inicios no fueron, en absoluto, fáciles…

Abrirme paso no fue sencillo, hasta el punto de que llegué a pensar que el trabajo no llegaría a darse como pretendía. En momentos como aquel, me sentí especialmente apoyado y ello me infundió la fuerza necesaria para seguir. Nunca podré agradecerlo lo suficiente.

El punto de partida no resultó como esperaba, así que, a inicios de julio, decidí seguir los sabios consejos que recibí y lanzarme a la aventura. En la Facultad de Derecho inicié el contacto con una profesora del área de Derecho penal, quien gentilmente me cedió un espacio en la Sala de Computación de los alumnos de doctorado y comencé mi investigación. 

Fui compartiendo momentos con grandes personas, profesores y estudiantes, que me aportaron puntos de vista interesantes, más allá de los libros y de los planteamientos teóricos: definitivamente, los ratos de conversación e intercambio aportan un valor añadido insustituible. Gracias a todos por añadir experiencias y completar mi estancia en Chile. Dicen que el hábito no hace al monje, pero en mi caso, la dedicación a mi tema de estudio me fue abriendo la posibilidad de participar en actividades académicas, primero como oyente y, ya entrado el mes de agosto, como ponente o docente.

La primera actividad que impartí, el 19 de agosto, fue un seminario sobre metodología de la investigación, a dos estudiantes de doctorado de la Facultad de Derecho. Dos excelentes profesionales con temas de investigación novedosos y complejos. Estoy seguro que los dos completarán magníficas tesis doctorales. Dos días más tarde fui ponente de un coloquio sobre el tratamiento penal de la corrupción en el deporte. Esta fue mi presentación oficial ante la comunidad universitaria chilena y puedo decir que me siento muy feliz por la oportunidad y por los resultados que, entre todos, alcanzamos.

La siguiente parada en mi estancia profesional tuvo lugar en Perú, el lunes 2 de septiembre, donde tuve la gran fortuna de participar en una mesa redonda organizada y compuesta por egresados de la Universidad de Salamanca, en la que abordamos aspectos preventivos y sancionatorios relacionados con la corrupción. Un evento muy enriquecedor que fue posible gracias a la generosa gestión de varios de nuestros amigos y a la amable disposición de la Universidad Tecnológica del Perú. 

Y, apenas dos días después, tomé parte en una reunión e impartí una posterior sesión formativa sobre la tipificación de la corrupción privada y deportiva, desarrolladas en la Fiscalía Nacional de Chile. Un encuentro fructífero que me permitió conocer, de primera mano, algunos problemas prácticos que plantea la aplicación de estos y otros delitos y aportar mi granito de arena en el debate y resolución de los mismos.

Bien está lo que bien acaba, dice el refrán. Y en este caso, el resultado del esfuerzo de los dos meses fue más que satisfactorio. No solo por las actividades concretas que pude llevar a cabo, sino también, y sobre todo, porque la experiencia me permitió poner en práctica otras capacidades y, así, dar vuelta a una situación que se había presentado compleja.

Volví a España con ideas y con proyectos que, espero, pueda iniciar en un futuro cercano. ¡Gracias!

 

Extra nº 1. A la hora de comer…

¿Qué tienen en Chile con el cilantro, la canela y el choclo?

Mi experiencia en Chile y Perú ha sido maravillosa, como he ido relatando a lo largo de las páginas de mi primer Cuaderno de Bitácora: rincones con encanto, vivencias increíbles que siempre voy a recordar… pero no todo ha sido miel sobre hojuelas. Algunos ingredientes y especias culinarios me han hecho pasar algún que otro momento desagradable. En esta primera página extra, os cuento mis desventuras con el cilantro, la canela y el maíz (llamado choclo en Chile).

El cilantro.

El coriandrum sativum, conocido como cilantro, es uno de los condimentos más presentes en la comida chilena (así como en la peruana). Sus hojas picadas se utilizan para adornar y aderezar cualquier plato que os podáis imaginar: sopas, consomés, ensaladas… además de ser el ingrediente estrella en la salsa pebre* y tener gran protagonismo en el ceviche (según la RAE, también puedo escribir «cebiche»).

¿Y qué tienes contra el cilantro? Me preguntaréis. Nada, salvo que es un condimento que mata el sabor del resto de ingredientes de un plato. Probadlo: añadid cilantro a una receta y decidme si podéis distinguir algo más aparte de esta plantita. Además, como ilustra la foto (que tomé a una pequeñita ensalada de tomate), ¡en Chile no se quedaban cortos con la ración!

Nota: solo en el ceviche fui capaz de soportar la presencia y el sabor del cilantro.

* Pebre: salsa tipo «vinagreta», a base de tomate, ají, cilantro, cebolla y ajo, regada con zumo de limón o vinagre y aceite.

La canela.

Reconozco que, en este caso, se trata de una animadversión personal. No me gusta nada la textura ni el sabor de la canela y, para mi sorpresa, es un ingrediente más común de lo que parece en Chile, según he podido comprobar. No solamente se utiliza en dulces y postres: la infusión de canela o el arroz con canela son remedios muy comunes cuando uno sufre de problemas digestivos, avatar que he pasado en algún momento. Y he de decir que, a mí, me creaba desajustes en el estómago a la par que me servía para mejorarme…

El choclomaíz.

De nuevo, el disgusto con el maíz es una rareza que me caracteriza. Lo cierto es que empecé a aborrecerlo desde que comprobé que se abusa él en las ensaladas: ¿por qué si este plato es salado, la gente se empeña en llenarlo de cositas amarillas dulces? No puedo con ello… Y, para mi desgracia, no comer maíz me ha impedido degustar (estoy seguro que me lo he perdido) verdaderos platos típicos como el afamado pastel de choclo.

En fin… a pesar de que, en general, he disfrutado mucho de la gastronomía chilena (también de la peruana), han existido también estos pequeños sabores amargos. Aunque estoy seguro que no es problema de la variedad gastronómica chilena sino mío propio. Ya dice el refrán castellano que «no está hecha la miel para la boca del asno«.

Fin de la página Extra nº 1.