88. ¡Orden en la sala!

—¡Silencio, niños! ¡Sentaos! —la profesora sintió una punzada de angustia, causada por la sensación de responsabilidad por lo sucedido.

En ese instante, con una seguridad y un vocabulario impropios para su edad, Flavia, una de las alumnas más aventajadas de la clase, tomó la palabra:

Profe. No es la primera vez que agreden a Mehmet y siempre por la misma razón. Es urgente encontrar una solución al problema y fortalecer el compañerismo entre todos. La diversidad es un regalo y deberíamos sentirnos felices por aprender unos de otros…

La maestra no daba crédito, pero prefirió no interrumpir a la menor:

—…propongo que celebremos un juicio. Yo defenderé a Mehmet: mi papá es abogado y le he visto ensayar sus casos muchas veces. Antonio, tú defenderás la opinión de los que se meten con Mehmet y la profe será la jueza. Si aceptáis, estaremos obligados a cumplir lo que ella decida…

Los compañeros se miraron con extrañeza: “¿un juicio?”. Pero, ¿qué sucedería si la profe no daba la razón a la mayoría? ¿por qué habrían de estar obligados a aceptar su decisión? Ella, con evidente asombro, tomó aire y sentenció:

— Nadie debe ser objeto de bullying, y menos aún por su origen. Pero, dado que aún tenéis mucho que aprender, me parece una buena experiencia para todos, así que, de acuerdo.

De aquello hace hoy más de treinta años. El otro día Mehmet me escribió para decirme que lo habían ascendido en su empresa: es el jefe de recursos humanos de una de las empresas del Ibex 35. ¿Y yo? Escribo esto desde mi lugar de trabajo: la Sala Cuarta, de lo Social, del Tribunal Supremo.

El espíritu de la discordia

¡Qué mejor forma de templar el frío invierno chileno que un microrrelato en el calor del hogar! En esta ocasión, presento mi participación en el reto “Escribir Jugando” del mes de julio de 2021, propuesto por Lídia Castro en su blog. Siguiendo, como siempre, las normas del desafío, para este texto he utilizado tanto la imagen de la carta como el objeto del dado: llave. He tratado, además, de agregar el estado emocional de las llamadas ‘personas Larch’ en relación a la flor indicada.

Espero que os guste y disfrutéis leyendo tanto como yo escribiéndolo. ¡Adelante micro!

* . * . *

Imágenes tomadas de “El Blog de Lídia”. Montaje propio.

Ella nunca se percató, pero en su corazón permaneció siempre guardada la llave de su felicidad; era ahora demasiado tarde. Lo cierto es que, desde que adquirió consciencia de su propia existencia, había vivido en una perpetua contradicción: no fue capaz de entenderse a sí misma, creer en sus capacidades ni sacar partido a sus virtudes. Observaba la triste escena como un narrador omnisciente que anticipase un terrible final que llegaba inexorable. Quiso proyectar, en el último segundo, su vida ante sus ojos, mas ya no restaban escenas que filmar. Se resignó y enmudeció el alma: había llegado el fin.

(100 palabras)

Proteger y servir

Recensión e ideas de “Un año de prácticas”


  • Autor: Esteban Navarro Soriano (Murcia, 1965).
  • Editorial: Amazon.
  • Año: abril de 2021.
  • Género / temática: novela policíaca.
  • Número de páginas: versión Kindle (longitud de impresión: 319 páginas).

Sinopsis libre:

Al tiempo que Rebeca Marín accede a su primer destino en la Policía Nacional, en el CIE de Barcelona, el inspector Novoa, tutor de los nuevos agentes en prácticas y con mala fama entre sus compañeros, es asesinado. En medio del desconcierto generalizado, Rebeca descubre que el crimen se ha perpetrado con su arma reglamentaria, que había desaparecido. La joven, que hasta entonces había disfrutado de una vida tranquila y segura, recibe una inquietante llamada que la arrastrará, contra su voluntad, hacia una red de mafiosos rusos, dudas existenciales y excitación sexual.

Comprende entonces que la única forma de salir victoriosa de aquella encrucijada será batallar contra la corrupción dentro y fuera del Cuerpo. ¿Será capaz la protagonista de llegar a ser una buena policía o terminará ahogada por la corriente de la podredumbre?

Reseña:

En Un año de prácticas, Esteban Navarro presenta una historia corriente en torno a los avatares y zozobras de una agente recién egresada de la Escuela Nacional de Policía de Ávila. Llama la atención, por encima de todo, la crudeza con la que el autor narra determinados acontecimientos y prácticas que, dentro del relato, aparecen como habituales en el Cuerpo de Policía allá por el final de los años 90 del siglo pasado —téngase presente que el relato está ambientado en 1997—. Es, precisamente, este realismo narrativo el que dota de un evidente misterio a la obra: ¿hasta dónde los hechos narrados son fruto de la imaginación de Navarro y hasta dónde son correlato de sus propias vivencias dentro de la Policía Nacional? Al final de la lectura todavía se perciben posos de este enigma, a buen seguro pretendido por el autor.

El estilo resulta, como es habitual en Navarro, sencillo, fresco y dinámico, lo cual agiliza la comprensión del argumento —tanto de la línea principal como de las interesantes tramas secundarias— y aporta tintes de cotidianeidad a la narración, si bien el resultado final se presenta ligeramente plano; se ha echado en falta algo más de ritmo y tensión, sobre todo en el desenlace. Resalta de esta novela —y ello constituye, a un tiempo, el mayor hito y la más importante crítica— la personalidad de la protagonista, Rebeca. Se muestra, por un lado, tímida y, en ocasiones, excesivamente ingenua —parece ciertamente desconcertante que una agente que ha superado un proceso de oposición y nueve meses de formación especializada en la ENP se vea incapaz de reaccionar adecuadamente a los acontecimientos, aunque tal circunstancia podría deberse a la menor información disponible sobre ciertos fenómenos criminales en el ocaso del siglo XX—. No obstante, por otro lado, hace gala de una personalidad fuerte y con sólidos principios, así como de una actitud beligerante contra la corrupción, el abuso de poder y las malas prácticas normalizadas en la Policía Nacional en aquellos años.

Debo rechazar el calificativo de polémica que ha acompañado a esta obra, así como condeno también los agravios que el autor ha sufrido y visibilizado a través de las redes sociales. La crítica mordaz al cuerpo policial es evidente, pero se lleva a cabo con absoluto respeto a la institución, sin generalizar y caricaturizando ciertas situaciones en beneficio de la literatura. Aquellos que desacreditan un escrito sin abrir la primera página no merecen mayor atención. Desde la Buhardilla os recomiendo esta lectura y, por supuesto, apuesto siempre, desde el respeto, por la libertad creativa e interpretativa de todos.


Valoraciónmuy recomendable (4/5)