Valentía y lealtad

Recensión e ideas de “Eva”


  • Autor: Arturo Pérez-Reverte.
  • Editorial: de esta edición, Debolsillo.
  • Año: 2017. De esta edición, 2019 (1ª ed.).
  • Colección: Best Seller (Serie “Falcó”).
  • Género / temática: Novela de espías, novela histórica.
  • Número de páginas: 388.

Sinopsis libre:

Lorenzo Falcó es enviado a Tánger para cumplir una peligrosa misión: abortar la llegada a Moscú del Mount Castle, una embarcación cargada de oro enviada por la República. El joven espía del SNIO se enfrentará, en la ciudad africana, a algunos fantasmas de su pasado mientras asiste, sobre el terreno, a los sinsabores de la Guerra Civil. Muerte, traiciones y pactos entre caballeros componen una partida de ajedrez entre el navío republicano y el destructor nacional Martín Álvarez. Por su parte, Falcó habrá de debatirse entre la integridad de su cometido y su vínculo de amor-odio con la agente rusa Eva Neretva. 

Reseña:

A pesar de que solo transcurren unos meses entre la primera y la segunda entregas de la serie, una de las cuestiones que más llama la atención es la caracterización, en Eva, de los protagonistas: Falcó y la citada agente soviética se adivinan cansados, resignados a cumplir, cada uno con sus convicciones, su rol de mercenarios en una guerra que a ninguno beneficia.

En esta segunda novela, la intriga política parece dejar paso, como clave argumental —sin abandonar su importancia como telón de fondo—, a la visión costumbrista de aquellas vicisitudes de una guerra que no se encuentran en los libros de Historia: el respeto entre rivales, el dolor en las líneas fronterizas o la impersonalidad de las banderas. En Eva, la serenidad del relato permite al lector interiorizar todos los matices que, de una forma más o menos explícita, se van dibujando a lo largo de la trama.

Lorenzo se descubre, de nuevo, como un personaje bien sazonado. Una personalidad que se mueve guiada por la exclusiva lealtad a sí mismo y a su propia causa, de la cual jamás desertará. Comparte este espíritu con Eva, a quien conocemos más en esta ocasión: una mujer fuerte, independiente y terrible, cuya fe le permite no temer ni al amor ni a la muerte.

Esta novela es característica del estilo Pérez-Reverte: destila un profundo dominio de cuanto en ella se narra, un gusto por las descripciones coloristas y un lenguaje cuidado hasta el extremo. Notas estas que hacen de ella una obra reconocible y esmerada. 

Sin duda, desde la Buhardilla de Tristán recomiendo leer Eva y confieso esperar con afán la tercera entrega, en especial para descubrir cómo evoluciona la tortuosa relación entre los dos personajes principales.


Valoración: muy recomendable (4/5)

Reescribiendo el desenlace

El frío acecha en este otoñal mes de octubre, pero poder participar en el reto “Emociones en 50 palabras” de Sadire hace al alma entrar en calor.

¡Espero que disfrutéis de mi microrrelato!

He utilizado tanto la imagen propuesta como los dos bonus adicionales: la producción de una traición y la utilización de la palabra “conectar”.

* . * . *

Los siete enanitos me pagan para envenenar a Blancanieves —se decía mientras inyectaba el suero en la manzana—, pero han subestimado, de nuevo, mi astucia. Con esta fruta podré conectar la inteligencia de la chica con la mía y unidas conseguiremos, por fin, dar la vuelta al cuento.

(48 palabras)

72. Ojo de halcón

Nunca he sido demasiado dado a los sentimentalismos. Ser pragmático, por encima de todo, resulta de mucha utilidad en una vida como la mía. Miro el reloj por última vez; en quince segundos accionaré el mecanismo. Tras ello dispondré de dos minutos para realizar la llamada de alerta al jefe de la organización en la que me he infiltrado y salir del edificio como alma que lleva el diablo. Todo está calculado al milímetro; un solo error y toda la operación se irá al traste y, con ella, muy probablemente mi propio pellejo. No tengo dudas de me han encomendado este trabajo, precisamente, porque me jacto de no permitir que nada se interponga en una ejecución limpia y rápida… en definitiva, profesional.

Es mi costumbre no conocer a los objetivos, no involucrarme con lo que ocurre a mi alrededor puede convertirse en vital. En realidad, mi nueva ocupación, ahora al lado de las fuerzas del orden, no es muy distinta a cuando me ganaba la vida como mercenario a sueldo, salvo que no suelo tener que preocuparme por terminar el día en una celda. Moverte a un lado o al otro de la ley no distingue, en exceso, los remordimientos a la hora de irte a dormir, las cicatrices en el cuerpo o la satisfacción ante una misión cumplida.

Tras pulsar el botón y contactar con el capo alertándole de la entrada de intrusos, salgo corriendo en dirección a la azotea. No sé si se creerán el señuelo. De todas formas, el helicóptero me recogerá en minuto y medio y pies para qué os quiero. A pesar de encontrarme en forma, llego sin resuello a los pies de la aeronave, después de haber subido doce pisos de escaleras a la carrera. El piloto acerca el patín de aterrizaje al asfalto. En el momento de adentrarme en la cabina, comienzo a escuchar disparos a mi espalda. Sin dar tiempo a que puedan hacerme un agujero en la nunca, cierro la compuerta y las hélices toman vuelo mientras mi compañero, a quien saludo con un gesto de cabeza, dispara desde dentro como respuesta. Me giro y, al mirar, se cumple mi sospecha: conozco bien a quien trata de derribarnos con un arma de largo alcance. No sé si me ha descubierto o no, pero tal azar no cambia los planes. Mi compañero me indica, por señas, que tiene tiro y me interroga con la mirada, es lo que tiene estar al mando. Le doy el OK y tomo la precaución de volverme hacia otro lado cuando ráfaga de munición sale dirigida hacia la frente de mi hermano.