Testamento vital (I)

¡Feliz 2022 a toda la comunidad de la Buhardilla de Tristán! En esta ocasión, os traigo un microrrelato con motivo del reto Escribir Jugando del pasado agosto de 2021 (sé que lo presento con un poquito de retraso), propuesto por Lídia Castro en su blog.

Para la creación del texto me he servido tanto de la carta como de la imagen del dado: «torre» y he aceptado también el desafío opcional: «Que aparezca en la historia algo relacionado con la invención del papel (año o propio papel)«.

¡Por un nuevo año repleto de letras!

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Imágenes tomadas de ‘El Blog de Lídia’. Montaje propio.

Torre de la Clerecía (Salamanca, 1 de enero de 2022).

Soy el centésimo vigésimo primer Gran Prior de la sociedad Fratres Sapientiae. Desde nuestra fundación, allá por el año 554 Ab Urbe Condita (200 a.C.), muchas han sido las tribulaciones que hemos padecido: conspiraciones, guerras, enfermedades. Pero nunca, hasta ahora, nuestro gran secreto había corrido tan serio peligro. Me veo obligado a escribir estas rápidas letras desde un rincón, con la única luz de una vela ajada y con el miedo calándome hasta lo más hondo del espíritu. Me encomiendo a Dios, a la Ciencia… o al Destino.

(98 palabras)

El espíritu de la discordia

¡Qué mejor forma de templar el frío invierno chileno que un microrrelato en el calor del hogar! En esta ocasión, presento mi participación en el reto «Escribir Jugando» del mes de julio de 2021, propuesto por Lídia Castro en su blog. Siguiendo, como siempre, las normas del desafío, para este texto he utilizado tanto la imagen de la carta como el objeto del dado: llave. He tratado, además, de agregar el estado emocional de las llamadas ‘personas Larch’ en relación a la flor indicada.

Espero que os guste y disfrutéis leyendo tanto como yo escribiéndolo. ¡Adelante micro!

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Imágenes tomadas de “El Blog de Lídia”. Montaje propio.

Ella nunca se percató, pero en su corazón permaneció siempre guardada la llave de su felicidad; era ahora demasiado tarde. Lo cierto es que, desde que adquirió consciencia de su propia existencia, había vivido en una perpetua contradicción: no fue capaz de entenderse a sí misma, creer en sus capacidades ni sacar partido a sus virtudes. Observaba la triste escena como un narrador omnisciente que anticipase un terrible final que llegaba inexorable. Quiso proyectar, en el último segundo, su vida ante sus ojos, mas ya no restaban escenas que filmar. Se resignó y enmudeció el alma: había llegado el fin.

(100 palabras)

Juego limpio

Casi desde el otro lado del mundo, os traigo mi participación en el reto «Escribir jugando» del mes de junio de 2021, propuesto por Lídia Castro en su blog. Como es habitual, para mi propuesta me he inspirado tanto en la imagen principal (carta de la izquierda) como en el objeto del dado: el mundo. También he seguido el reto opcional: que aparezca en la historia algo relacionado con “Impresión, sol naciente” de Claude Monet (año, pintor o el lienzo) (carta de la derecha), en concreto, haciendo referencia al año de 1872.

¡Espero que lo disfrutéis y un abrazo a todos/as desde Chile!

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Imágenes tomadas de “El Blog de Lídia”. Montaje propio.

La tradición de deportistas en su familia, recordó al respirar por primera vez el aire de la capital nipona, se remontaba a su tatarabuelo, cuya gesta, como recogían los periódicos de la época, asombró al país en 1872. Por su parte, desde que tenía uso de razón, había recorrido el mundo, acompañado de su madre: campeonatos infantiles, juveniles y absolutos; nacionales e internacionales.

Y, cuando había perdido toda esperanza, llegó la recompensa: la Villa Olímpica de Tokio lo saludaba, imponente aunque acogedora. Constancia y resiliencia; espíritu de superación y una fe inquebrantable lo habían llevado hasta allí. Turno para disfrutar.

(100 palabras)