Sesenta minutos

Avanza noviembre y, con él, este otoño pandémico. Y esta noche de viernes nos brinda una oportunidad perfecta para compartir mi participación en el desafío “Escribir Jugando” propuesto por Lídia Castro en su blog. ¡Espero que lo disfrutéis!

Para crearlo he utilizado tanto la imagen de la carta como del dado, así como he aceptado el reto opcional: que aparezca en la historia algo relacionado con la creación del Ford T (el coche, el creador o el año).

* . * . *

Tan diestro como Caronte en el Aqueronte y tan ávido de venganza como el zorro que acorrala a un indefenso ratón, el hombre menudo se acomodó en el asiento trasero del Ford T y chasqueó los dedos. El motor trucado rugió y el hombre más poderoso del país desapareció en apenas segundos. La teniente Márquez, su mejor agente, aseguraba que la incursión había finalizado exitosamente. Confiaba en ella, al menos razonablemente. Cuando el destino del mundo cambiase para siempre, él debía haber huido lejos. Consultó su Rolex Submariner Date y recibió la llamada:

—Preparados, jefe.

—Recibido. Accionad los mandos.

(99 palabras)

74. Ad auxilium vocatus

Me preguntas por qué me convertí en abogado. Aquel caso, tan mediático, del joven que se encontraba en el corredor de la muerte de Estados Unidos y fue declarado inocente en un nuevo juicio, me marcó. Y, con el tiempo, comprendí que este es mi lugar. Es algo más que una vocación; es voluntad de servicio público: implica velar por todos y todas, y vigilar que se respeten sus derechos; coadyuvamos a proteger la salud de nuestra Justicia, garantizamos el acceso a las oportunidades, inherentes a nuestra Democracia, que consagra nuestra Constitución y luchamos por una sociedad más igualitaria. Ser abogado no tiene edad. No olvides, amiga, que el compañero de la contraparte no es tu enemigo y que, ambos conjuntamente, debéis contribuir a dignificar nuestra profesión. Tesón, empatía, proactividad y dedicación son los valores con los que cambiarás el mundo.

Esfuérzate siempre en ser honesta con tu cliente y con los demás, déjate la piel en cada vista, cada escrito y cada consulta. Ser el mejor no significa ganar siempre, pero sí haber dado el máximo por los intereses de tu defendido; llega hasta el final con independencia de las circunstancias. De tu pericia dependerán vidas, libertades y sueños.

73. Renegrida el alma

—¡Don Anselmo, buenos días! ¿cómo se encuentra hoy? ¿Va a ir a misa de 12? —Miguelín, el hijo de Rafael, es un buen chaval. Regenta ahora el restaurante desde la jubilación de su padre, quinto mío en el 49, y, aunque las cosas no andan muy boyantes en el pueblo, siempre te recibe con una sonrisa.

Tomé asiento en uno de los taburetes de la barra y me pedí lo de siempre, un café con leche bien caliente, como recién salido de la fragua de Vulcano, bromeó el joven, y seis churros. Porque es domingo y uno, que ya mira a la Parca de reojo, es hombre de costumbres.

—No tengo espíritu, zagal. Hoy es 17 —respondí, tratando todavía de amordazar el nudo en el estómago con el que me había despertado.

—Es verdad, mi padre me lo recordó anoche, cuando fui a llevarle la cena, y me pidió que le diera un abrazo cuando lo viera. Hoy invita la casa, y permítame que sea la docena completa —se le demudó súbitamente el rostro, acompañándome en el sentimiento.

—Seis está bien, que mi nuera se enfurruña si luego le dejo las lentejas —le agradecí con una inclinación de cabeza.

—¡Marchando! ¿Y cómo sigue Luisito? No lo veo desde la despedida de la boda de la Mari, y de eso va a hacer un año.

—¡No sé qué decirte, muchacho! Mi hijo es como es: ya sabes que lo veo cada dos semanas, cuando vienen al pueblo por cumplir. Si por mí fuera, comería aquí, como todos los días.

—Bueno, bueno, por lo menos se acuerdan de usted. Dele recuerdos de mi parte…

Perdóname, querida mía, no he tenido voluntad para ir a la iglesia. Maldito 17 de octubre. Aun así, me he vestido con el traje de tres piezas que me regalaste aquella Navidad. El nudo de la corbata, esa de seda azabache que utilizaba en el juzgado, me ha quedado razonablemente bien. Te he comprado un ramo de rosas; este año parece menos lustroso que de costumbre, pero la señora Amalia se ha excusado porque dice que no le llegan proveedores. Te lo dejo en el jarrón. Mi amor… empiezo a sentirme realmente cansado, creo que ya va siendo hora de hacer el viaje y reunirme contigo. ¿Sabes si me queda mucho?

Sé que, cuando me hablas en el silencio, me pides que sea fuerte. Por Luis. Este año coincide que es domingo y han venido a almorzar; yo me habría quedado en ca’ Rafael, pero, por ti, luciré mi mejor sonrisa. Te echo de menos… sé que siempre digo lo mismo, pero este es el peor de los últimos treinta años. ¿Por qué se te llevaron?

Una lágrima ha huido, cobarde, desde mi ojo derecho. La he espantado antes de que deje un río tras de sí. Mísero existir…

Ha pasado la hora del vermú y me estarán esperando para comer, así que mejor te dejo, para que sigas descansando en paz. Te amo, y te amaré, por siempre.