Primerizo y feliz (I): Estado de buena esperanza

30 de junio de 2022

Nunca un ‘no’ ha sido sinónimo de tanta felicidad. A pesar de que tu mamá y yo acostumbramos a acompañarnos a nuestras citas médicas, esa mañana yo había amanecido extremadamente cansado: el final del curso académico y el pesado dolor de rodilla que me acompaña desde hace meses, me hicieron claudicar. Así que ella me dedicó una sonrisa y marchó a realizarse la ecografía.

¡Cuánto puede cambiarte la vida en un segundo! Tu mamá llegó a casa y me contó que le habían confirmado el diagnóstico, pero, además, su rostro y su intensa mirada reflejaban algo más. Yo insistía, pero sus palabras no eran capaces de liberar el torbellino de sentimientos que había comenzado a vivir.

Me entregó un paquete pequeño, con la cruz verde de la farmacia:

—¡Noo! ¿En serio? —fue lo único que acerté a decir, llevado por la sorpresa. Una felicidad creciente, indescriptible, y por qué no reconocerlo, la responsabilidad y unas gotas de miedo inundaron mi espíritu.

—¡Sí! —respondió tu mamá—. ¿Qué vamos a hacer?

—¡Vamos adelante! ¡Somos uno o una más en el equipo!

Esa era la primera parada del maravilloso y desconocido viaje que emprendíamos. Una espera que nos llevará hasta ti.

5 de julio de 2022.

¡Hoy tu mamá y yo hemos tenido la primera consulta con la ginecóloga! Nos ha confirmado que estás ahí y hemos podido escuchar tu corazoncito por primera vez: “Tac, tac, tac, tac”. Un ritmo rápido que nos ha emocionado y ha acelerado nuestras pulsaciones con puro amor. Te prometemos que vamos a hacer lo posible por cuidarte siempre. ¡Te amamos!