El espíritu de la discordia

¡Qué mejor forma de templar el frío invierno chileno que un microrrelato en el calor del hogar! En esta ocasión, presento mi participación en el reto «Escribir Jugando» del mes de julio de 2021, propuesto por Lídia Castro en su blog. Siguiendo, como siempre, las normas del desafío, para este texto he utilizado tanto la imagen de la carta como el objeto del dado: llave. He tratado, además, de agregar el estado emocional de las llamadas ‘personas Larch’ en relación a la flor indicada.

Espero que os guste y disfrutéis leyendo tanto como yo escribiéndolo. ¡Adelante micro!

* . * . *

Imágenes tomadas de “El Blog de Lídia”. Montaje propio.

Ella nunca se percató, pero en su corazón permaneció siempre guardada la llave de su felicidad; era ahora demasiado tarde. Lo cierto es que, desde que adquirió consciencia de su propia existencia, había vivido en una perpetua contradicción: no fue capaz de entenderse a sí misma, creer en sus capacidades ni sacar partido a sus virtudes. Observaba la triste escena como un narrador omnisciente que anticipase un terrible final que llegaba inexorable. Quiso proyectar, en el último segundo, su vida ante sus ojos, mas ya no restaban escenas que filmar. Se resignó y enmudeció el alma: había llegado el fin.

(100 palabras)

Juego limpio

Casi desde el otro lado del mundo, os traigo mi participación en el reto «Escribir jugando» del mes de junio de 2021, propuesto por Lídia Castro en su blog. Como es habitual, para mi propuesta me he inspirado tanto en la imagen principal (carta de la izquierda) como en el objeto del dado: el mundo. También he seguido el reto opcional: que aparezca en la historia algo relacionado con “Impresión, sol naciente” de Claude Monet (año, pintor o el lienzo) (carta de la derecha), en concreto, haciendo referencia al año de 1872.

¡Espero que lo disfrutéis y un abrazo a todos/as desde Chile!

* . * . *

Imágenes tomadas de “El Blog de Lídia”. Montaje propio.

La tradición de deportistas en su familia, recordó al respirar por primera vez el aire de la capital nipona, se remontaba a su tatarabuelo, cuya gesta, como recogían los periódicos de la época, asombró al país en 1872. Por su parte, desde que tenía uso de razón, había recorrido el mundo, acompañado de su madre: campeonatos infantiles, juveniles y absolutos; nacionales e internacionales.

Y, cuando había perdido toda esperanza, llegó la recompensa: la Villa Olímpica de Tokio lo saludaba, imponente aunque acogedora. Constancia y resiliencia; espíritu de superación y una fe inquebrantable lo habían llevado hasta allí. Turno para disfrutar.

(100 palabras)

Beatus ille

Ahora que, por fin, agoniza este extenuante curso académico universitario (a falta de las últimas evaluaciones y actas), retomo mi participación en el fantástico y renovado reto «Escribir Jugando» propuesto por Lídia Castro en su blog. En concreto, os presento mi propuesta para el desafío del mes de mayo de 2021.

Para la elaboración del microrrelato, me he inspirado en la imagen de la carta y he incluido el objeto del dado: el Olimpo. Además, he tratado de seguir el reto opcional: que aparezca en la historia algo relacionado con esta florAgrimony. Indicada para personas que son muy alegres en apariencia, pero que sufren por dentro.

¡Qué agradable volver a un reto en el que me siento como en casa!

* . * . *

Imágenes tomadas de «El Blog de Lídia». Montaje propio.

La prensa, los flashes, los memes… en aquellos dos frenéticos meses acaparó portadas, horarios de máxima audiencia, podcast y directos por doquier; se había convertido en la estrella del momento. Sin embargo, el fracaso llegó como una bofetada imprevisible de la que no supo levantarse. No aceptó que el éxito pudiera ser finito: se veía aún en la cima, en un Olimpo artificial y borroso, diseñado por sí mismo a partir de adulaciones, cortesías interesadas y traiciones indisimuladas. Llegó a ser un payaso triste, un arquetipo de Agrimony.

Ahora, un año después, apenas es capaz de reconocerse ante el espejo…

(100 palabras)