En busca del tesoro (I). Día 67

Un viaje para recordar.

Día 67. Santiago (Chile)-Lima (Perú), 31 de agosto de 2019.

Despegamos a las 4:55 de la mañana. Nuestro destino: una nueva ciudad, un nuevo país (para mí), Perú. Algo más de tres horas después llegamos, habiendo disfrutado de un vuelo tranquilo. Mi primer «regalo»: un nuevo sello en mi pasaporte.

Nuestra amiga nos está esperando. Nos montamos en un taxi y nos vamos a su casa, donde nos ofrece un delicioso recibimiento: un aromático café pasado (también con la posibilidad de elegir té y otras infusiones), chicharrón, yuca, relleno, sabrosos panes y salsas, entre otros manjares. Según nos cuentan, un típico desayuno de domingo, aunque nosotros lo probamos un sábado. Hay que coger fuerzas para nuestro paseo por el centro.

Llegamos, en primer lugar, a la Plaza Mayor o Plaza de Armas de Lima, ubicada en el centro histórico, considerada el lugar fundacional de la ciudad. Su disposición es heredada del llamado «trazo hispánico» y se caracteriza por erigir la Catedral y la Municipalidad frente a frente. No en vano, la imagen conserva los vestigios del Virreinato español. Además, en la Plaza se encuentran el Palacio de Gobierno del Perú, la Iglesia del Sagrario, el Palacio Arzobispal y el Club de la Unión. Anexa a la Plaza Mayor, la actualmente conocida como Plaza Perú, en la intersección del Jirón de la Unión con el Jirón Conde. Es conocida por haber albergado una estatua ecuestre de Francisco Pizarro, según nos dijeron, hoy en paradero desconocido. En su lugar, un asta donde se coloca la bandera de Perú.

Nuestra siguiente parada, la Casa de la Literatura Peruana, gran biblioteca y espacio de reflexión en torno a la literatura. Como pudimos saber, el lugar es muy frecuentado por estudiantes, lectores y público en general, pues diariamente se organizan un buen número de talleres, exposiciones y otras actividades.

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Proseguimos hasta la Basílica y convento de San Francisco, majestuoso templo franciscano, con una bonita iglesia, diversas salas que visitar, un claustro (adornado con azulejos estilo mosaico andaluz) e, incluso, unas catacumbas donde se encuentran enterrados, según supimos, algunos acaudalados descendientes de los españoles del Virreinato.

Sin embargo, el edificio cuenta con una sala cuyo pésimo estado de conservación nos conmocionó. Se trata de la biblioteca, donde, tal como se publicita, se encuentran incunables de la imprenta de Gütenberg, crónicas franciscanas del siglo XV, algunos tomos del primer Diccionario editado por la Real Academia Española, así como otras valiosas obras, atlas y pergaminos. Con extraordinaria riqueza, se parte el alma al encontrarte las estanterías así:

Tras la mañana turística, una extraordinaria comida: riquísimo ceviche, lomo saltado, papa a la Huancaína, acompañado de un rico pisco sour, postre y café. Definitivamente, la gastronomía peruana, exquisita, merecería un Cuaderno de Bitácora aparte. Además, la relación calidad-precio es extraordinaria.

El resto de la tarde y la noche, dedicadas a descansar del viaje para poder seguir disfrutando de los tesoros de Perú.

Publicado por

Javier Sánchez Bernal

Licenciado en Derecho, Máster Universitario en Corrupción y Estado de Derecho y Doctor por la Universidad de Salamanca. Líneas de investigación: Derecho penal económico, Derecho y deporte, corrupción pública y privada. Proyecto de escritor.

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