El Transmutador

Sobre la bocina ¡por fin puedo compartir mi participación en el reto “Syn-Opsis” de Jessica Galera! No me fue posible animarme en octubre, pero ya está aquí mi propuesta para el desafío del mes de noviembre. ¡Espero que la disfrutéis!

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(Imagen de firaangella1 [Pixabay]. Accesible en el blog de Jessica Galera)

Título: El Transmutador

Sinopsis: La joven Michelle von Küllmann es, a sus 15 años de edad, uno de los talentos más prometedores de la música clásica en los últimos tiempos. Desde hace dos años viaja por toda Europa, en compañía de su hermano pequeño Adam, de 6 años, con el objetivo de convertirse en la mejor violinista del mundo.

Sin embargo, su sueño se verá truncado cuando a Adam le diagnostican una enfermedad degenerativa incurable. En ese momento, Michelle decide abandonar su gran pasión para salvar la vida de su hermano. Así, llegan a un pequeño pueblo del sur de España donde les han hablado de un viejo curandero capaz de sanar cualquier enfermedad o trastorno, por grave que sea.

Tras un tortuoso viaje, llegan al lugar durante una noche de viento gélido y lluvia desgarradora. El hombre, un anciano huraño y desgarbado, vive en condiciones infrahumanas. Tras recibirlos y conocer el motivo de su visita, les habla del Transmutador: un artilugio de su invención capaz de alterar o cambiar cualquier estado, sustancia o condición física o espiritual. Sin embargo, los previene: solo las personas puras de corazón y con deseos sinceros podrán conseguir su propósito. Si, por el contrario, se pretende utilizarlo de modo egoísta o irresponsable, las consecuencias pueden ser fatales.

Para conocer su interior, les obligará a pasar una serie de pruebas. Si logran finalizar con éxito cada desafío, les brindará su ayuda; si fallan una sola, los hermanos quedarán a merced de la voluntad del extraño sujeto. La primera de ellas es un acertijo que deben resolver en un solo intento:

Si tienes dos relojes de arena, uno de 7 minutos de duración y el otro de 11 minutos, ¿cómo puedes hervir un huevo en exactamente 15 minutos?

 

Sesenta minutos

Avanza noviembre y, con él, este otoño pandémico. Y esta noche de viernes nos brinda una oportunidad perfecta para compartir mi participación en el desafío “Escribir Jugando” propuesto por Lídia Castro en su blog. ¡Espero que lo disfrutéis!

Para crearlo he utilizado tanto la imagen de la carta como del dado, así como he aceptado el reto opcional: que aparezca en la historia algo relacionado con la creación del Ford T (el coche, el creador o el año).

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Tan diestro como Caronte en el Aqueronte y tan ávido de venganza como el zorro que acorrala a un indefenso ratón, el hombre menudo se acomodó en el asiento trasero del Ford T y chasqueó los dedos. El motor trucado rugió y el hombre más poderoso del país desapareció en apenas segundos. La teniente Márquez, su mejor agente, aseguraba que la incursión había finalizado exitosamente. Confiaba en ella, al menos razonablemente. Cuando el destino del mundo cambiase para siempre, él debía haber huido lejos. Consultó su Rolex Submariner Date y recibió la llamada:

—Preparados, jefe.

—Recibido. Accionad los mandos.

(99 palabras)

Per la vita

¡Casi me quedo sin mes de octubre! La verdad es que este inicio de curso universitario está siendo especialmente difícil: a la impartición de las clases, se unen un sinfín de protocolos, registros, burocracia… que me ha tenido especialmente ocupado. 

Pero, por fin, esta noche he podido disfrutar creando mi participación de este mes en el reto “Escribir Jugando”, propuesto por Lídia Castro. Debo confesar que los elementos de este desafío me han inspirado especialmente, dando lugar a varias historias diversas. Me he decidido por esta, con un final abierto. ¡Espero que os guste!

Para la elaboración de la historia me he servido tanto de la imagen principal como del objeto del dado, un bastón, así como he tratado de seguir el reto opcional: Que aparezca en la historia el nombre común o científico de las aves que aparecen en la carta o algo relacionado con ellas.

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El anfiteatro, atestado de público, ansiaba el mágico toque de su batuta para dar comienzo al espectáculo. Su gran momento, el culmen de su carrera, había llegado. Respiró profundo: sabía que cada violín afinaría cual monterita, las flautas y flautines danzarían como ruiseñores y el piano sería el mirlo que diera la nota de color…

Bip, bip. El monitor de signos vitales marcaba el ritmo sin novedad. Sobre la cama, postrado, el cuerpo macilento del que otrora fuera el mejor director de orquesta del siglo. A un lado, su bastón; a otro, el rostro de su esposa, enjugándose las lágrimas.

(100 palabras)